A menudo pensamos en la “revolución” como algo grande y lejano: manifestaciones, grandes discursos, decisiones políticas. Mientras tanto, hay una parte del cambio que ocurre en silencio, cada semana, en el lugar más cotidiano posible: nuestra cesta de la compra.

La realidad es que, en un sistema alimentario globalizado, muchas veces compramos sin mirar. Aceptamos como “normal” que un tomate haya recorrido miles de kilómetros, que el precio de una leche ecológica parezca caro pero no nos preguntemos por qué otra es tan barata, o que detrás de frutas y verduras a bajo coste haya alguien que lo paga con su trabajo o con la calidad del suelo donde se cultivan.

Por eso, elegir productos ecológicos, de temporada y de proximidad no es solo “hacerlo bien” o seguir una tendencia “de moda”: es una manera concreta de no mirar hacia otro lado. Es apoyar a agricultores que cuidan la tierra, a pequeños proyectos que crean empleo local y a un modelo que pone a las personas y al medio ambiente en el centro.

Antes de poner un producto en el carro, te proponemos tres preguntas sencillas, pero incómodas:

  1. ¿De dónde viene?

Hablamos de las frutas y de las verduras, por ejemplo. Pregúntate de dónde vienen pero también de cómo se han cultivado, procesado y transportado

  1. ¿Quién lo produce?

¿Conozco el nombre de alguien detrás? ¿Una cooperativa, una familia, un payés, un pequeño obrador… o simplemente es una marca anónima dentro de un sistema gigante?

  1. ¿En qué condiciones?

¿El precio que pago refleja unas condiciones dignas para la tierra y para las personas, o hay alguien que está asumiendo el coste oculto?

Y añadimos una cuarta, quizá la más difícil:

¿Lo necesito de verdad, o solo lo quiero porque es fácil, rápido o está en oferta?

Estas preguntas convierten la compra en un acto consciente. Puede que acabemos eligiendo menos productos, menos variedad aparente, pero ganamos coherencia. Cada vez que apostamos por una tienda de barrio comprometida o por un pequeño productor ecológico, estamos votando por el tipo de mundo que queremos con nuestro dinero.

La revolución no siempre lleva pancarta; a veces lleva tomates cultivados sin pesticidas, pan del horno del barrio y aceite de oliva de una cooperativa campesina. Y también la decisión de pararnos dos segundos antes de comprar y preguntarnos qué estamos alimentando: ¿solo el carrito… o también un futuro más justo?

Desde NaturaSì intentamos que, cuando vengas a comprar, estas preguntas tengan respuesta: productos con origen claro, proyectos reales detrás y una forma de consumir que se parezca un poco más a los valores en los que, en el fondo, creemos, que queremos y que sentimos que queremos transmitirte.