Las raíces de Maná Pistachos están en el campo mucho antes de que existiera la marca.

Detrás del proyecto hay una familia manchega con varias generaciones vinculadas a la agricultura. En 2017 decidieron empezar una nueva etapa: cultivar pistacho ecológico y encargarse ellos mismos de todo el camino que sigue el fruto desde el árbol hasta que está listo para comer.

Del árbol a la mesa

Cuando Maná habla de cultivo propio, lo hace literalmente.

No compran pistachos a terceros. Cuidan los árboles, realizan la cosecha en sus fincas de La Mancha y después trabajan el fruto en sus propias instalaciones. De esta manera pueden seguir el pistacho durante todo el proceso y conocer exactamente de dónde procede cada cosecha.

Su cultivo es ecológico y su forma de trabajar sigue siendo, en buena medida, artesanal. Muchos de los procesos se realizan manualmente, buscando intervenir lo necesario para conservar las características naturales del fruto.

Detrás de un pistacho hay, por tanto, bastante tiempo: cuidar el árbol, esperar la cosecha, recoger el fruto y prepararlo.

Una nueva generación sobre raíces agrícolas

Maná no nació de cero.

La propia familia explica el proyecto como una continuación de unas raíces agrícolas de varias generaciones. Lo nuevo fue escoger otro cultivo y asumir el reto de convertir ese conocimiento del campo en un producto propio.

Es una historia familiar que ha ido tomando forma alrededor de un cultivo.

¿Por qué Maná forma parte de Pequeños Productores?

Porque queremos saber de dónde vienen los alimentos y quién toma las decisiones durante su producción.

En Maná encontramos una familia que cultiva su propia materia prima, trabaja en ecológico y mantiene en sus manos prácticamente todo el recorrido del pistacho.

Desde el árbol hasta el producto final.

Esa relación directa entre tierra, productor y alimento es una de las razones por las que existe nuestra campaña Pequeños Productores.