En verano pasa a menudo: compras fruta y verdura con toda la buena intención, llegas a casa, lo pones en la nevera un poco como puedes y, al cabo de dos días, las espinacas ya están mustias, las hierbas frescas han perdido fuerza y aquella fruta que tenía que aguantar toda la semana ha madurado demasiado rápido.
Con el calor, el producto fresco pierde agua antes y es más sensible a los cambios de temperatura. Si, además, lo guardamos sin demasiado orden, el proceso se acelera: hay demasiada humedad donde no toca, falta ventilación en algunos recipientes y algunas frutas hacen madurar más rápido los alimentos que tienen al lado.

La buena noticia es que no hace falta hacer grandes cambios. Con unos cuantos hábitos sencillos, las frutas y verduras pueden aguantar mejor, mantener una textura más buena y ayudarnos a aprovechar todo lo que compramos.
Uno de los errores más habituales es lavarlo todo nada más llegar a casa. Parece práctico, pero no siempre lo es. Si guardamos hojas verdes, fresas, tomates o hierbas frescas todavía húmedas, es fácil que se estropeen antes. Lo mejor es lavar justo antes de consumir. Y si queremos dejarlo preparado, hay que secarlo muy bien con un paño limpio o papel de cocina antes de guardarlo.
Con las hojas verdes, como lechugas, espinacas, rúcula o acelgas, es importante evitar que queden aplastadas o demasiado húmedas. Funcionan mejor en un recipiente amplio, con un poco de papel absorbente y sin presionarlas demasiado. Si las hojas no quedan aplastadas y controlamos bien la humedad, aguantan más días en buen estado.

Las hierbas frescas se tienen que guardar bien porque se marchitan rápido. El perejil, el cilantro, la albahaca, la menta o el cebollino aguantan mejor si retiramos el exceso de humedad y los guardamos protegidos, sin dejarlos aplastados en el fondo del cajón. En el caso del perejil o el cilantro, también podemos poner los tallos en un vaso con un poco de agua y guardarlos en la nevera, tapados suavemente.
Otro error habitual es cerrarlo todo herméticamente. Hay alimentos que necesitan humedad, pero también un poco de ventilación. Si cerramos frutas y verduras en bolsas o táperes sin aire, se puede crear demasiada condensación y eso hace que se estropeen antes. En general, funcionan mejor los recipientes con algo de ventilación, las bolsas perforadas o los táperes con papel absorbente cuando hay exceso de humedad.

También conviene no mezclar toda la fruta y la verdura en el mismo lugar. Algunas frutas, como las manzanas, los plátanos, los aguacates, los melocotones o los tomates, pueden acelerar la maduración de otros alimentos. Por eso es mejor guardarlas separadas de las hojas verdes, el pepino, las zanahorias u otras verduras más sensibles.
En casa podemos hacerlo de manera sencilla: una zona para frutas que tienen que madurar, otra para verduras de hoja y otra para productos más resistentes. No hace falta obsesionarse, pero sí evitar ese cajón único donde acaba todo mezclado y donde siempre hay algo que se estropea antes de tiempo.
Otro punto importante es no dejarlo todo a la vista. En verano, la fruta queda muy bien en un bol sobre la mesa, pero no siempre es la mejor opción. Si la cocina es calurosa o le toca el sol, madurará mucho más rápido. Podemos dejar fuera lo que todavía necesita madurar, pero cuando ya está en su punto, es mejor pasarlo a la nevera. Esto ayuda sobre todo con frutas como melocotones, albaricoques, ciruelas o aguacates.

También hay alimentos que no necesitan nevera. Patatas, cebollas y ajos prefieren un lugar fresco, seco y ventilado, lejos de la luz directa y de la humedad. También es mejor no guardar patatas y cebollas juntas, porque pueden hacer que se estropeen antes y cojan olores o texturas poco agradables.
Las verduras crujientes, como zanahorias, apio o rábanos, aguantan mejor si no pierden agua. Si ya las tienes cortadas, puedes guardarlas en un recipiente cerrado con un poco de humedad controlada. Si están enteras, es mejor retirar hojas o tallos que les hagan perder frescura y ponerlas en el cajón de la nevera, bien protegidas pero no completamente ahogadas.
La fruta cortada se tiene que guardar siempre en la nevera, en un recipiente cerrado y consumirla en poco tiempo. Cuando cortamos una fruta, se conserva peor. Por eso es mejor preparar solo la cantidad que necesitamos o guardarla bien tapada. Con manzana, pera o aguacate, unas gotas de limón pueden ayudar a retrasar la oxidación.

Todo esto ayuda, pero también hay una parte que empieza antes de llegar a casa: comprar mejor. Cuando elegimos fruta y verdura fresca, de temporada, ecológica y de proximidad siempre que sea posible, estamos eligiendo producto que ha hecho circuitos más cortos, que llega con más trazabilidad y que conserva mejor el vínculo con el campo y con las personas que lo trabajan.
En las tiendas NaturaSì, el producto fresco es una parte importante de la compra. Es el lugar donde podemos mirar qué hay de temporada, preguntar, dejarnos aconsejar y comprar con un poco más de sentido. A veces, el mejor truco para que una verdura dure más empieza en el momento de elegirla: comprar lo que necesitamos, escoger producto en buen estado y saber cuál es el mejor momento para consumirlo.

Guardar mejor frutas y verduras no va solo de orden en la nevera. También va de aprovechar más, tirar menos y darle al producto fresco el trato que necesita.
Este verano, puedes empezar con algo muy sencillo: revisar la nevera, separar mejor los alimentos, no lavarlo todo antes de tiempo y comprar fresco con un poco más de calma. Son pequeños gestos, pero se notan.